domingo, 23 de noviembre de 2008

Y pasan las horas, a la vida gracias. Y pasan los días, para mejor. Siempre para mejor.

¿Que hago con mis horas para llenarlas?...

Voy al cine. Veo películas y como palomitas. Eso me sienta bien. Voy al bar y como pinchos de tortilla y croquetas caseras, que la Eugenia las hace de muerte. Bebo claras y copas de vino para acompañar. Tomo cafés con leche y tés. Eso me sienta bien. Las charlas con Eugenia, con Felipe y con la parroquia, me sientan aún mejor. Doy larguísimos paseos. Paseos interminables, a veces. Eso me gusta y me serena. Hago algo de ejercicio y mi cuerpo me lo agradece. He cambiado la lectura de los libros, en estos días, por la lectura, paciente, del periódico de la mañana. Escribo, poco o mucho, cada día escribo. No sé donde irán todas estas palabras. No se que sentido tienen ni si a nadie le importan. Pero escribo. Siempre lo hago. Como un trabajo sin fin. Como una pasión desmedida... Se porque, en parte. Porque ahí, en la pagina, agoto mis fuerzas y me crezco. Me aprendo a mi mismo, y si, muchas veces también, dejo de pensar. Pensar en cosas que no debo. Pensar en cosas que me hacen daño.

Así que escribo, y que le den por culo a todas las historias de la vida... Así lo siento a veces, si.

Hablo con el perro. Paseo con el perro. Cuido del perro. Esa es otra constante en estos días...

Por unos días, cambiaré la topografía de este lugar, por otra más cálida y más árida. Esta bien ver a la familia, por poco que sea y de vez en cuando. No quiero olvidar mis raíces y a quienes amo...

A quienes amo....

Pasan las horas. Pasan los días...

Todo está bien. Todo está donde debe estar...

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