viernes, 7 de noviembre de 2008

En un primer momento....


Todos somos flor de un día. Eso he aprendido.
A veces uno se exaspera porque el mundo no encaja en nuestros planes. ¿Y bien?. ¿Que podía esperar si no?. Luego ese momento pasa. La mayoria de las veces, de hecho, basta con dejar pasar ese momento. La calma llega por si misma. Y con la calma, el trabajo con las palabras. Ese amor que nunca pasa...
"Eres un buen amante. Por eso nos seguimos viendo...". Me hiciste sentir muy bien. De hecho me hiciste sentir muy grande. Para que esperar nada más entonces. He aprendido la lección más importante. Puestos a escojer carta en la baraja, me quedo con amarte. Siempre que pueda, siempre que quieras. Siempre que sea posible. Hasta el fin de los momentos, si es preciso. He olvidado que estoy enamorado de ti. Eso no me servirá para nada. Tan solo será un obstaculo entre los dos.
Pero te amaré siempre. Te amaré toda la vida. La diferencia es que eso sólo existirá cuando quieras compartirlo. No es mal trato. Lo acepto. Me sentará bien dejar de ser tan solo un iluso enamorado, si, a cambio, puedo amarte en toda la extensión de tu piel, que sabe a tierra mojada, y acariciar tus cabellos, que a ratos huelen como el romero en flor, y a ratos, como la lluvia misma que empapa toda tu piel...

Esas son las cosas que pensaba esta mañana, mientras tomaba un último cafe y fumaba el último cigarrillo, antes de dejarme vencer por el sueño. Lo último que he compartido con "Pincho", ese gato llegado de Argentina, que se adueñó de todos los rincones del bar donde vamos los parroquianos, de forma que ahora somos nosotros sus invitados.

Este de ahí arriba es "Pincho". Va por ti, minino....

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